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CULTURA

La papa nativa: un salvavidas contra el cambio climático

Investigadores de la UMSA exploran las propiedades genéticas de variedades andinas de papa para enfrentar sequías y heladas. Un tesoro ancestral que podría ser clave en la lucha contra el cambio climático.

Por Sebastián Aguirre · 20 de agosto de 2026

Un grupo de investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) está poniendo su mirada en las papas nativas de Bolivia, específicamente en la comunidad de Marka Corpa, ubicada en el municipio paceño de Jesús de Machaca. Estas variedades, que han resistido las inclemencias del clima altiplánico durante generaciones, podrían ofrecer respuestas valiosas ante el desafío del cambio climático.

El proyecto, denominado Papas Resilientes, busca identificar los genes que permiten a estas papas adaptarse a condiciones extremas, como sequías y heladas. Con un enfoque en la revalorización del conocimiento ancestral, el equipo trabaja con aproximadamente 60 variedades de papa, colaborando estrechamente con productores locales para determinar cuáles de ellas destacan por su resistencia.

Un legado ancestral en peligro?

Las papas que se están estudiando incluyen la luq’i, sisu, phiñu e imilla negra, que han demostrado su capacidad para sobrevivir en condiciones adversas. Carlos Molina, coordinador del proyecto, comenta que el objetivo no solo es rescatar las tradiciones agrícolas, sino también adaptarlas para mejorar la producción en un clima cambiante.

"Llevamos años en esto y sabemos cuáles pueden resistir la sequía y las heladas, pero también sabemos que necesitamos a los especialistas de la universidad para avanzar y mejorar nuestros cultivos".

Este esfuerzo, dirigido por Máximo Liberman, director del Instituto de Ecología, se fundamenta en la rica diversidad de papas originarias de la región andina, donde la papa fue domesticada. La investigación podría abrir un camino hacia la creación de nuevas variedades que no solo sean productivas, sino que también se adapten mejor a las condiciones climáticas extremas.

La meta a largo plazo es incorporar genes de resistencia a variedades que ya poseen buenas características productivas, generando así papas que puedan soportar el cambio climático y garantizar la seguridad alimentaria en el futuro.