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La escultura invisible que se vendió por más de 18 mil dólares

Un artista italiano ha logrado captar la atención del mundo del arte con una escultura que, curiosamente, no se puede ver. Salvatore Garau ha subastado su obra más reciente, alcanzando un precio sorprendente.

Por Sebastián Aguirre · 26 de septiembre de 2026

Salvatore Garau, un innovador artista de Italia, ha llevado la noción de escultura a un nuevo nivel al vender una obra que no tiene forma física. Su pieza, titulada "Io Sono" ("Yo soy"), se describe como una escultura inmaterial, lo que significa que su esencia radica en el concepto del vacío más que en un objeto tangible.

Garau no solo busca que la gente pague por algo que no existe, sino que invita a reflexionar sobre el vacío y lo que significa para cada individuo. Según él, la obra pretende evocar pensamientos y energías que surgen de lo que no está presente, desafiando la percepción tradicional del arte.

A pesar de las críticas que recibió, el artista defendió su trabajo, afirmando que realmente se vendió ese vacío, lo que lo convierte en un concepto valioso en el mundo del arte contemporáneo.

Durante la subasta, que tuvo lugar en mayo de 2021, la escultura se vendió por la impresionante suma de 18.300 dólares, una cifra que superó ampliamente las expectativas iniciales. Los organizadores habían estimado que la obra podría alcanzar entre 7.300 y 11.000 dólares, pero el interés de los compradores elevó el precio más allá de lo anticipado.

Como parte de la compra, el afortunado adquirente recibió un certificado garantizando la propiedad de esta singular pieza. Esta no es la primera vez que Garau crea arte invisible; otras de sus obras incluyen "Buddha en contemplación" en Milán y "Aphrodite Piange" en Nueva York, donde el enfoque también gira en torno a la ausencia de una figura material.

La propuesta de Garau invita a los espectadores a imaginar lo que ocupa el espacio donde debería estar la escultura. De esta manera, "Io Sono" ejemplifica la idea de que el arte puede ser cualquier cosa, incluso algo que no se puede ver. Al final, la interrogante quizás no sea dónde está la escultura, sino hasta dónde pueden llevarnos nuestras concepciones sobre el arte.