El Chocó en crisis tras el terremoto: pobreza y desamparo
El devastador sismo de magnitud 7,4 ha dejado al departamento del Chocó, uno de los más empobrecidos de Colombia, en una situación crítica, con cientos de damnificados y un sistema de salud al borde del colapso.
Por Julieta Medina · 14 de agosto de 2026
El Chocó, una de las regiones más olvidadas de Colombia, se encuentra sumido en la desesperación tras el terremoto que ocurrió el 10 de agosto. Con 29 de sus 31 municipios afectados, la situación es alarmante: se reportan 13 muertos, más de 45.000 personas damnificadas, y alrededor de 1.000 viviendas destruidas o dañadas.
El hospital San Francisco de Asís, el más importante de Quibdó, enfrenta un colapso total. Según su enfermera jefe, Andrea Salazar, la ocupación en urgencias pasó del 200% al 485% el día del sismo. A pesar de lograr reducir el porcentaje a un 250% en 24 horas, el hospital carece de insumos médicos y recursos para atender la emergencia.
Impacto del terremoto en la comunidad chocoana
La gobernadora Nubia Córdoba-Curi ha resaltado la falta de conectividad y energía en la región, lo que ha dificultado la evaluación de daños. La geografía compleja y el clima húmedo han contribuido a un subregistro de las afectaciones, haciendo que se tarde más en recibir información sobre el impacto del terremoto en comunidades vulnerables, especialmente en zonas rurales e indígenas.
Como testimonio, Ayanith Martinez, una profesora que viajaba en autobús al momento del terremoto, relata que no sintió el sismo, pero al llegar a su destino se dio cuenta de la devastación. Su comunidad, San José del Palmar, es extremadamente pobre y carece de infraestructura adecuada, lo que complica aún más la atención a las emergencias.
- Chocó es el departamento más pobre de Colombia, con 62 de cada 100 personas viviendo por debajo de la línea de pobreza.
- El 78% de su población se identifica como afrocolombiana y el 16% como indígena.
Luis Gilberto Murillo, exgobernador del Chocó, señala que la centralización del Estado ha agravado la situación. Mientras regiones más privilegiadas reciben ayuda rápidamente, el Chocó, con sus desafíos estructurales, se queda atrás. Murillo sugiere que es un momento crucial para implementar estrategias de largo plazo que aborden las precariedades históricas de la región.
En medio de la tragedia, la gobernación ha anunciado la implementación de un "banco de materiales" para ayudar a reconstruir lo dañado, aunque muchos temen que la respuesta estatal sea insuficiente. Las comunidades siempre han tenido que buscar soluciones por su cuenta ante la falta de apoyo efectivo, un patrón que parece repetirse tras el sismo.
La resiliencia del pueblo chocoano es notable, pero la necesidad de una respuesta adecuada por parte del gobierno es urgente. Con la situación actual, el futuro del Chocó depende de cómo se maneje la recuperación y si se atenderán sus problemas estructurales de manera sostenible.