Bolivia en la mira: la fragmentación global amenaza su estabilidad
La advertencia de António Guterres sobre la fragmentación del orden internacional no deja a Bolivia fuera del juego. La coyuntura mundial podría poner en jaque la economía del país.
Por Emilio Barrientos · 28 de septiembre de 2026
El 22 de septiembre de 2026, António Guterres, Secretario General de la ONU, alertó sobre el aumento de la fragmentación del orden mundial, señalando que este fenómeno tiene repercusiones directas en Bolivia. El país andino se enfrenta a desafíos como desaceleración e inflación, impulsados por conflictos geoeconómicos que desestabilizan el panorama global.
Según el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial, publicado en enero de 2026, la confrontación geoeconómica y los conflictos entre Estados son los riesgos más destacados para el año. Guterres enfatizó que la crisis en las cadenas de suministro globales tiene un impacto negativo en la economía boliviana.
Guterres también destacó que la gobernanza global ya no refleja la realidad contemporánea, lo que ha llevado a que el multilateralismo se vea amenazado por divisiones entre bloques rivales. La neutralidad de Bolivia, que solía ser un refugio, ya no garantiza su seguridad frente a esta crisis.
El aumento de los costos de vida en Bolivia está relacionado directamente con esta crisis geopolítica, lo que encarece los productos importados y limita el acceso a financiamientos internacionales. Esto pone en un aprieto las riquezas naturales del país, que podrían convertirse en una carga en lugar de un activo.
La lucha por el poder en el escenario internacional se intensifica, y en 2025 se registraron 65 conflictos armados, un récord histórico. El gasto militar global alcanzó los 2.9 billones de dólares, evidenciando una carrera armamentista que involucra tanto a grandes potencias como a países en vías de desarrollo, generando desconfianza en las instituciones encargadas de mantener la paz.
Guterres advierte que la crisis actual no se limita a las fronteras de las potencias. La desestabilización de las cadenas de suministro y la volatilidad económica también afectan a Bolivia, aumentando el riesgo de desaceleración e inflación, lo que podría hacer que la población sufra las consecuencias de una crisis global.
Con el debilitamiento del derecho internacional y la creciente competencia por recursos, Bolivia debe prepararse para un contexto donde la geopolítica dictará su futuro. La advertencia es clara: el país debe encontrar formas de proteger sus recursos y no permitir que se conviertan en vulnerabilidades en este nuevo orden mundial fragmentado.